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domingo, 8 de junio de 2014

Hoy voy a mandar yo ¿vale mami?

Estamos trabajando la autoestima y las capacidades propias y con el grupo de los más pequeños las palabras no nos son de mucha ayuda: si les preguntas a ellos, todos son los más rápidos de su clase, los mejores jugando al fútbol, las más guapas del patio. Van a pasar un par de años o tres antes de que les entren las dudas, se comparen con los logros de otros y se sientan inferiores, antes de que le presten más atención a las virtudes de los demás que a las suyas propias. ¿Cómo les ayudamos a construir su propia autoestima, el mejor concepto de sí mismos? Hoy hemos estado experimentando cómo nos comportamos cuando podemos comportarnos como queremos. Hoy hemos dado la batuta de la dirección de un rato de la clase a los peques, por turnos, para que fueran ellos los que organizaban y dirigían el juego. Como parte de nuestra clase rueda alrededor de los juegos y las normas que les ponemos, hoy Amanda ha sido la primera en coordinar a sus compañeros. Ha propuesto el juego y las primeras normas sobre las que luego los compis comienzan a opinar, proponer correcciones, y hay que negociar las versiones finales.
¿Puedo ser yo la jefa hoy? ¡Pues claro! Pero eso es algo que no te puede dar la profe, es algo que te vas a tener que ganar de tus compañeros. Aunque yo les diga que hoy organizas tú, hasta que tú no te lo creas y cojas fuerte la batuta, ellos no van a hacerte caso. ¿Os imagináis a vuestros hijos en estas? Por mucho que en casa les digáis que ayuden y os hagan el mismo caso que os haría la planta del salón, y por mucho que les pidáis que arreglen la habitación y os les encontréis sentados en medio de todos sus juguetes, y penséis que “pasan” de las responsabilidades, en realidad les encantan. Unos más que otros, disfrutan de probar sus poderes, sólo que les gusta hacerlo a su manera, y con sus tiempos. No siempre se puede, es cierto. Y es bueno que ellos se expongan a eso mismo, también. Por eso Amanda disfrutó el doble de la experiencia de organizar la clase. Al principio era una completa locura y los amigos no le hacían caso, parecía que ni la escucharan:
-          ¡proooooooooofe! ¡Que no me hacen casoooooo!
-          Ya. Pero si tú eres la jefa, tienes que enseñarles a hacerte caso.
-          ¡¿Y cómo voy a hacer eso!?
-          ¿Qué has probado hasta ahora?
Y entonces Amanda empieza a probar diferentes técnicas. Prueba a chillarles, a cogerles del brazo, a intentar reunirles en un círculo, a enfadarse, a llorar, a hablar con un pequeño grupo que le haga caso y la ayude con los otros que no… al final del ejercicio, cuando ha conseguido que todos jueguen una ronda de “zapatito blanco – zapatito azul” sólo hay que mirarle la cara para ver que se siente orgullosa de lo que ha conseguido. Ha sido la jefa, y los amigos le han hecho caso, han hecho lo que ella proponía.
Nos ha servido de muchas reflexiones, este juego, porque han practicado también a estar en el lado de los que normalmente les mandamos –papis y profes- y han visto lo frustrante que puede ser que no te escuchen, que no te hagan caso. Se han sensibilizado a ese sentimiento además de probar sus capacidades, y ampliar lo que hasta ahora han hecho en otras ocasiones. Algunos resumían que chillando no te escuchan más, otros que es mejor poner las normas entre todos… pero todos han disfrutado del aprendizaje de su día de “hoy mando yo”, sabiendo o no ponerle palabras a lo que han experimentado.

Pequerrecomendación: pídele que te cuente cómo quiere organizar la tarea que le has pedido que haga. Déjale tiempo para pensarlo o incluso para probarlo, y se comprometerá mucho más con la tarea. Puedes probar con recoger el cuarto, y que sea él el que te proponga qué va a poner primero en los cajones y qué va a colocar después… y si quiere que le ayudes, en qué cosa concreta. Si le dejas organizar algunas de sus tareas, con tu supervisión y aprobación, le estarás haciendo responsable de usar sus capacidades –además de practicarlas y de ir incorporando nuevas-.Aunque al principio suene difícil, verás como con un poco de paciencia te darán hasta buenas ideas que no se te habían ocurrido a ti!

miércoles, 14 de mayo de 2014

Alarma Abusón

Aunque este tema da para varias clases y más ejercicios, hoy hemos conectado a los pequeños con la conciencia del bullying en las aulas, aprovechando que estamos tratando la comunicación este trimestre. Como todos saben que yo también estoy estudiando, como ellos, y que a mí también me ponen deberes, como a ellos, hemos hecho una mesa redonda en la que me han ayudado a rellenar las preguntas que me han hecho en la universidad. Les ayuda mucho a sentirse escuchados cuando me siento en la silla pequeña con ellos y son ellos los que se convierten en expertos en la materia. (Tranquilos, el trabajo de la uni en cuestión ya fue entregado y debidamente investigado, y fue una de las cosas que inspiró esta claseJ).
Hicimos una lista de los abusones que cada uno conoce de su clase. Primero los nombres y como algunos comparten clase, discutieron sobre quién es más abusón que quién. Se trataba de que tomaran conciencia de quién es pegón, o abusa de los compañeros. Y esa parte la tienen clara, cristalina. Luego hacen una ronda de explicaciones sobre lo que hay que hacer cuando un abusón está pegando o chinchando a otro niño, y la teoría la tenemos clara también: avisar a los profes, separar a los que se pegan, incluso defender al más pequeño. Ahora… ¿qué es lo que hacemos en la práctica? Cuando Saray –que mide casi 10 centímetros más que sus compañeros y pesa casi lo mismo que yo, en segundo de primaria- amenaza con tirarle la pelota a Rosita –que como su propio nombre indica, es pequeñita y de cara redondita y aniñada para su edad ¿qué hacen sus compañeros?

La cuestión es que algunos separan a los que se pelean, pero sólo cuando la víctima ha rebasado su límite, y está en el suelo, llorando, ya sea de dolor o de desesperación por no saber qué hacer ante la situación. La verdad es que suele ser la misma víctima, y el mismo abusón. Os pondré en una entrada aparte sobre las dinámicas que se generan en las clases y cómo detectar cuando tenemos  un problema que atajar, cuándo nuestro hijo puede estar abusando de sus compañeros o cuando puede estar siendo víctima de un abusón. ¿qué hemos practicado hoy en clase? Hemos elegido un abusón, una víctima, y varios testigos… y hemos ido turnando los papeles y en cada ronda, uno de los testigos era el encargado de que la víctima no sufriera daños, por todos los medios que conociera salvo la violenci ¿por qué el testigo y no el abusón? Hoy queríamos crear una conciencia de acción solidaria: lo que parece que no es mi problema (¡pero profe! ¡si yo no le he pegado! ¡si no he sido yo quien le ha hecho llorar!) Podría serlo mañana. Podría pasarle a nuestra hermana pequeña. Nos podría pasar en el instituto y en otro  formato hasta en el trabajo. Y visto que ya sabemos identificar abusones, lo siguiente es reaccionar ante ello, darle voz, aunque hoy no vaya con nosotros.

Pequerrecomendación: Creamos conciencia de las realidades cuando les ponemos palabras y las sacamos al exterior. Ayuda a tu peque a darle forma a lo que siente, y a lo que vive. Por más que nos cuesta la vida no terminar sus frases o darles palabras para expresarse, déjale tiempo para ordenarse mentalmente, para buscar la palabra, anímale con una sonrisa y con un gesto de la cabeza, pero deja que sea él quien elige las palabras con las que le da forma al mundo. ¡Escuchándole vas a descubrir un montón de lo que hay en esa pequeña cabecita!

sábado, 10 de mayo de 2014

¡Quiero la pelota!

Y hoy, que cada vez lo hacemos más difícil, salimos al parque a jugar a la pelota. ¿fútbol? Qué va, más difícil todavía. Voley. Pero con un balón de playa, a ver, que no vamos a convertirnos en profesionales de esta vez, no en nuestras clases. Pero sí que aprovechamos para trabajar la comunicación. Olvidaos de esos cursos de formación en técnicas de comunicación corporativa y las teorías del lenguaje verbal y todo ese discurso. ¿Queréis que se quede a vivir para siempre en vuestra memoria? Jugad. Las cosas que aprendemos experimentando se quedan en un tipo de memoria que resiste incluso a muchos tipos de Alzheimer. Sí, como montar en bici, o conducir.
Hoy estamos trabajando la comunicación del grupo de primer ciclo de primaria. A ellos no se lo hemos dicho, pero estamos experimentando con la asertividad ¿os acordáis? Aquello de decir las cosas sin atacar y sin callarnos resignados (a lo largo de esa carretera que va del agresivo al pasivo, que tiene en medio –más o menos- al asertivo). En esta edad de hecho es muy fácil observar los dos extremos del comportamiento: o se quitan la pelota de las manos dando un manotazo y gritando ¡que me la des! O el pequeño viene corriendo a tirar del brazo a la profe lloriqueando “profeeeeee… que David no me da la pelotaaaaaaa” para que profe intermedie por él y consiga resolver el conflicto.
Así que nos ponemos en marcha con nuestra sufrida pelota azul que sirve para todo y hacemos una rueda. Tenemos que pasar para que todos los compañeros  toquen al menos una vez y daremos un paso atrás, y más separados, empezamos de nuevo. Cuando tenemos a los pequeños concentrados en un juego de pelota (de parque, sueltos, con pocas reglas y sencillas) están más predispuestos a experimentar  comportamientos alternativos a los suyos habituales. Total, lo que tienen de verdad en la cabeza es que la pelota no caiga al suelo… como una de las reglas es que para avanzar en el juego todos tienen que tocar, entre ellos se piden la pelota, avisando de quién no ha tocado aún. Y la norma es que no se puede ni chillar enfadado a los compañeros,  ni llorarle a la profe para que le pasen la pelota. La norma es que pedimos claramente y sin enfadarnos eso que queremos hoy. “Quiero la pelota”. Pues quiero la pelota, eso es todo. Además de trabajar con las valencias de cada uno dentro del grupo (ya os contaré eso más despacio, se refiere al papel que juega cada uno dentro de cada grupo en el que actúa, como el graciosete, la buena estudiante, la tímida y el pegón) están practicando una habilidad que les llevará a evitarse algunas frustraciones futuras.
¿Para qué vale la asertividad? Restarle agresividad a cómo pedimos las cosas cambia la reacción de la persona que tenemos en frente. Si para conseguir que me prestes una cera roja te chillo, te la arranco de la mano, te la quito del estuche… lo normal es que el otro se ponga a la defensiva y no quiera hacer nada para ayudarte. El comportamiento de la otra punta, el pasivo, llena a los niños (y a los no tan niños) de sentimientos de bajo valor, de incapacidad y de culpa. Si cuando quiero jugar al escondite con vosotros me quedo en un lado del parque esperando por si me invitan y si lo pido y me dicen que no, me voy a llorar a la profe (o a mami o papi) para que me dejen… no conseguiré generar una comunicación con los otros que ayude a que me respeten, ni quieran ayudarme, ni jugar conmigo.

Pequerrecomendación: Ayuda a tu peque a que te pida lo que quiere con claridad. Sin llorar, sin amenazas o golpes, y con la palabra “quiero” delante. Entre hermanos hay mil ocasiones. “Mamaaaaaaaa…… que Elena no me deja el mandooooooooo” Prueba a mandarles a hablar entre ellos. “Pedro, habla con tu hermana  y dile lo que quieres” Qué va, no le va a dar el mando, acabarás interviniendo. Pero Pedro aprenderá a expresar sus necesidades y deseos con claridad y sin agredir. Y tendrá una herramienta más en su mochila emointeligente.